¿Dónde vamos a bailar esta noche?

Leila Guerriero quiso ser cowboy y yo, como Josephine March, debería haber sido muchas cosas. Las mujeres a las que yo siempre quise parecerme, Celia, la bruja novata, Ana María Matute, Carmen Sandiego, mi madre, larguísimo etcétera, parecían ir por el mundo sin necesidad de explicarse y sabiendo sacar de la estraza hasta pajaritas brillantes de papel. Muchos años después de la infancia yo sigo sin saber hacer manualidades, ni arreglarme el pelo y casi todo el mundo acuerda que cada vez hablo peor.

De la misma forma que obligo a mi memoria a mentirme para negar que todas mis heroínas se hicieron mayores, me veo frente al espejo contando repetidamente mis tres canas y convenciéndome de que lo de llorar tanto viendo películas de dibujos es lo normal.

Ayer, mientras me engañaron sin saber cómo para cambiar una cerveza normal por una italiana con un ligero sabor a mandarina, envidiaba a Javier Aznar por su capacidad de salir del cascarón y escribir un libro en el que toda nuestra generación se ve reflejada: ya no solo habla de amor, como Loriga, sino que además es el primero en susurrar al oído “y ahora qué” cuando se encienden de repente las luces del bar.

Lo fugaz, lo efímero, lo que brilla un segundo para desaparecer después aún cobra mayor deseo si consigue vencer al destino y quedar atrapado entre las páginas de un libro.  De la misma forma que Holden Caulfield le confesaba a su hermana que quería ser el guardián entre el centeno justo al borde del precipicio, sería curioso ver qué respondemos nosotros, sobre todo cuando nuestros héroes ya están retirados y abandonaron las pantallas de cine y los campos de fútbol  sin que apenas los recordemos.

No hay nada que se escurra más que el presente y quizá, por eso mismo, nos empeñamos en gritar tan fuerte cuando se marca un gol. Estrenar vestido, nadar a contracorriente, salir un miércoles, llamar por teléfono por última vez, perder la cartera, el avión y hasta la ropa interior son sólo los pequeños detalles que nos empeñamos en recrear solamente para no tener que pensar en todo lo que tenemos pendiente.  En ¿Dónde vamos a bailar esta noche?  Javier Aznar consigue cumplir el sueño que todos compartimos; paralizar el tiempo, el mejor que tuvimos, y que no pierda jamás ese olor del verano de nuestros veinte años.

Dónde vamos a bailar esta noche

¿Dónde vamos a bailar esta noche? es el primer libro de Javier Aznar, con prólogo de David Gistau y diseño de portada de Rodrigo Sánchez, está editado por Círculo de Tiza.