Heredar la tierra

por B

Cuando me preguntan sobre las cosas que echo de menos me pongo grandilocuente y digo que mi futuro. El problema del individualismo es como el sueño de la razón, que produce monstruos pero en este caso además egocéntricos. Educar a los niños obligándolos a creerse especiales perjudica casi igual que dándoles con una vara en la palma de las manos; es lo mismo que lo de las dos Españas, que uno nunca está seguro de saber cuál es peor que la otra.

Si no estamos reventando cristales es porque en el fondo la herencia cristiana se impone a lo demás, y de la resignación acaba haciendo uno himno, patria y bandera. Es exactamente lo mismo que lo de  “la puntita y nada más”, todo el mundo sabe que tras esa frase siempre viene algo detrás. La indignación fundamentada es completamente legítima pero encuentra muros infranqueables cuando la sociedad te obliga a esperar pacientemente un turno o levantar la mano para hablar en clase . Entre toda la educación recibida se olvidaron de explicar que eso de la paz fue un macroconcierto patrocinado exclusivamente por Woodstock y algún iluminado podrá hablar de la revolución de Portugal, pero lo importante de esa historia es que fue romántica y no democrática. El gran inconveniente de la violencia es muy parecido al de la educación superior; pasada la euforia general no nos hace niños intocables y especiales. Si hay algo que reprochar a nuestra formación, a nuestra igualdad y a nuestra fraternidad es que se hayan creído las  herederas naturales e indiscutibles de la monarquía. Es exactamente lo mismo que Francia y esa costumbre suya de mirar por encima del hombro al resto de Europa, la recompensa que se adjudicaron hace doscientos años por cambiar la historia hacia un destino que nadie ha descubierto todavía.

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