Nadie por la calle

Mes: abril, 2016

Heredar la tierra

Cuando me preguntan sobre las cosas que echo de menos me pongo grandilocuente y digo que mi futuro. El problema del individualismo es como el sueño de la razón, que produce monstruos pero en este caso además egocéntricos. Educar a los niños obligándolos a creerse especiales perjudica casi igual que dándoles con una vara en la palma de las manos; es lo mismo que lo de las dos Españas, que uno nunca está seguro de saber cuál es peor que la otra.

Si no estamos reventando cristales es porque en el fondo la herencia cristiana se impone a lo demás, y de la resignación acaba haciendo uno himno, patria y bandera. Es exactamente lo mismo que lo de  “la puntita y nada más”, todo el mundo sabe que tras esa frase siempre viene algo detrás. La indignación fundamentada es completamente legítima pero encuentra muros infranqueables cuando la sociedad te obliga a esperar pacientemente un turno o levantar la mano para hablar en clase . Entre toda la educación recibida se olvidaron de explicar que eso de la paz fue un macroconcierto patrocinado exclusivamente por Woodstock y algún iluminado podrá hablar de la revolución de Portugal, pero lo importante de esa historia es que fue romántica y no democrática. El gran inconveniente de la violencia es muy parecido al de la educación superior; pasada la euforia general no nos hace niños intocables y especiales. Si hay algo que reprochar a nuestra formación, a nuestra igualdad y a nuestra fraternidad es que se hayan creído las  herederas naturales e indiscutibles de la monarquía. Es exactamente lo mismo que Francia y esa costumbre suya de mirar por encima del hombro al resto de Europa, la recompensa que se adjudicaron hace doscientos años por cambiar la historia hacia un destino que nadie ha descubierto todavía.

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El descubrimiento del mundo

Hubo un tiempo en que me dedicaba a buscar el significado más profundo de las cosas, convencido de ser una especie de sabueso hermenéutico que vagaba por el mundo, pero cuando cumplí los doce dejé de hacerlo. Aunque entonces no habría sido capaz de expresarlo correctamente, pasados los años he terminado reconociendo que abandoné toda búsqueda de una explicación de lo que podrían llamarse esquemas de significado subjetivos o temáticos para reemplazarla por un simple bosquejo de descripciones de casos específicos de los que podía, al menos, sacar conclusiones, aunque inconscientes, que me permitirían entender el mundo y el modo en que éste me afectaba. Dicho de otra forma: aprendí a aceptar el mundo tal como era. Dicho aún de otra forma: me daba igual.

X, Percival Everett

 

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