No soy esa clase de chica

por B

Que La vida sexual de las gemelas siamesas fuera el primer libro que leí en 2016 tuvo mucho de impulso frenético y nada de querencia. Casi pareció que estaba escogiendo un libro prohibido, como si hubiera descargado a propósito una película porno. El libro de Irvine Welsh ha sido mi experiencia más cercana a engancharme a un reality denigrante: en las primeras páginas todo me parecía chillón y sacado de contexto, a la mitad seguía leyendo sin saber si me gustaba, y durante las últimas cien páginas no soltaba el libro y pedía a gritos más detalles sórdidos. Terminé el libro casi jadeando, habiendo disfrutado muchísimo de tanta página tóxica, algo parecido, supongo, a estar todo el día colocado.

El costumbrismo sigue estando de moda aunque sus propios autores lo nieguen. Si Welsh dio en la diana cuando publicó Trainspotting hace muchos años, su última novela prefiere diseccionar con mucha sorna y algo de exageración ese culto al cuerpo que convive con el contraste de la onmnipresente obesidad mórbida y grasienta. Las obsesiones de esta novela son mucho más universales que la de su gran éxito: comida, salud, perfección emocional y sexo, sexo, sexo, y después más sexo.

El pasado domingo Tentaciones de El País dedicaba la portada a la todopoderosa Lena Dunham y a su capacidad de ser, gracias a Girls, si no la voz de su generación, una voz (bastante fuerte) de una generación (que no grita nada ). Con la serie de Dunham me hubiera gustado que me pasara algo parecido con el libro de Welsh, pero las obsesiones de las cuatro amigas me hacen enarcar continuamente las cejas y reprimir el impulso de darles alguna bofetada. Incluso con el paso del tiempo, que es cuando han empezado realmente a diferenciar el sexo del amor, y han conseguido apaciguar esa necesidad  de atención constante, no veo a cuatro amigas buscando su sitio e intentando entender lo que les rodea, sino cuatro egos que mientras están perdidos sólo se entretienen contemplando su deslumbrante reflejo en el espejo del baño. Hannah, Marnie, Shoshanna y Jessa se me asemejan infinitamente más a las adolescentes protagonistas de Clueless que a las cuatro fabulosas hermanas de Mujercitas. En una serie sobre el universo femenino y lo retorcida que puede ser a veces la amistad entre chicas, es curioso que los únicos personajes capaces de avanzar, aceptar sus contradicciones o convivir con ellas de una forma adulta sean los dos chicos principales.

Ellas, tan narcisistas, manipuladoras y abofeteables, siguen convencidas de pertenecer a esa generación especial que no necesita aprender absolutamente nada sobre nada, y mucho menos de recapacitar tras sus errores. Para que pudiera empatizar un poco más con las cuatro chicas, Lena Dunham debería dar más espacio a historias que no fueran exclusivamente las suyas.

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Actualmente, la serie Girls acaba de empezar su quinta y penúltima temporada.

 

 

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