El club de los optimistas incorregibles

por B

De entre todos los diálogos de Lost in Traslation recuerdo siempre la misma conversación en los momentos que no sé qué hacer:

Charlotte: Estoy perdida. ¿Eso tiene arreglo?
Bob: No.

Ella gira la cabeza y le mira, extrañada por el automatismo de la respuesta.

Bob: Sí. Ya se arreglará…
Charlotte:: ¿De veras? Fíjate en ti…
Bob: Gracias.

Ella se ríe.

Bob: Cuanto más sabes quién eres y lo que quieres, menos te afectan las cosas.
Charlotte:: Ya. Es que aún no sé lo que quiero ser. ¿Sabes? Quise ser escritora, pero odio lo que escribo. Intenté hacer fotos, pero eran muy mediocres. Todas las chicas pasan por una fase de fotógrafas. Y por querer un poni… ¿sabes? Y haces fotos tontas de tus pies…
Bob: Ya lo averiguarás. No te preocupes por eso. Sigue escribiendo.
Charlotte:: Pero es que soy mala.
Bob: Eso es lo bueno.

 

RBA publicó en 2010 El club de los optimistas incorregibles, de Jean Michel Guenassia, una novela con con el rock and roll, los libros, el futbolín, París, la guerra de Argelia y lo agridulce de la adolescencia como telón de fondo. Es enternecedor ver cómo cuando un francés quiere ponerse optimista le sale siempre la nostalgia a presión. Cuando lo hace un español le sale una historia cursi de ciencia ficción.

Guenassia confirmó que nunca quiso que le saliera una novela de un tiempo que ya no existe pero es verdad que de la adolescencia y de la historia sólo se puede escribir echando la vista hacia atrás. Hasta París ha cambiado, aunque nos neguemos a aceptarlo.

En una película de Natalie Portman, cuyo nombre no recuerdo, y cuya escena jamás he vuelto a ver, la actriz se encuentra bebiendo con un chico en un bar, hablando del optimismo, el futuro, y todos esos temas que salen a colación a partir de las tres de la mañana. A la pregunta de él, sobre si es una de esas chicas que ve el vasio medio lleno o ve el vaso medio vacío, ella le contesta de la única forma posible: “Borracha. Lo veo borracha”.

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