Nadie por la calle

Mes: noviembre, 2015

Las mejores familias

Rob Gordon puso de moda hacer listas y enumerar tiernamente el desastre en cinco momentos dramáticos, pero habló demasiado de amor y casi nada de morbo y así es imposible que una relación funcione. Puestos a sacar colores y vergüenzas está claro que mejor vosotros que yo; qué placentera es la filia a las familias disfuncionales, sobre todo si sus niñas bonitas nunca lo fueron y les tocó ser feas, retrasadas y un poquito putas, a la manera de Faulkner.

Lo que uno espera de una mujer de 90 años es que con suerte se acuerde del nombre de alguno de sus nietos y no que escriba sobre niñitas deformes que sienten asco de sí mismas. Aurora Venturini tiene clase y mucha ironía porque Las Primas, además de ser familia, son una panda de taraditas boludas que se dejan embarazar y sacar dinero como si en vez de en los años 40 de Argentina vivieran en el Beverly Hills de los 90. Las Primas babean más de lo normal cuando les conviene y sacan provecho de sus cuerpos deformes para quedarse con todo y deshacerse de madres, tías, pervertidos y muertos. Venturini hace lo más difícil de corrido y sin signos de puntuación, que es construir vida sobre algo ruinoso, incompleto y deforme: una familia genéticamente inútil en un país económicamente enfermo.

Cuando le preguntan a la octogenaria abuelita que cuánto hay de ficción y cuánto hay de realidad en la historia se limita a reír, como si le preguntaran por qué Silvestre no ha cazado todavía a Piolín, menciona algún pariente lejano extraño e insiste en que escribió una novela impecable, sin defectos, para volver a reírse otra vez de su ocurrencia casi trágica, nauseabunda y tan sentida.

9789876580205.jpg

Reseña publicada originalmente en A Cubierta Libros, en junio de 2012.
Aurora Venturini ha fallecido hoy, a los inimaginables 92 años.

Por un puñado de dólares

En aquel bodrio de Adrian Lyne, Una proposición indecente, medio Hollywood se llevó las manos a la cabeza cuando Demi Moore aceptó un millón de dólares a cambio de enroscarse en las piernas de Robert Redford. Puestos a venderse, el escándalo no es tal si el dinero te lo ofrece educadamente un galán sin necesidad ninguna de engañar.

Lo de tener un precio no es tan malo si es lo suficientemente desproporcionado para que nadie se atreva a pagar por él. La condición humana es como es, y la integridad, tan maleable y dúctil como algunos de los metales que nos hacían estudiar en el colegio, el único valor que se paga más caro conforme más inexistente es.

Si le preguntáramos a Ellroy sobre quien tiene mayor capacidad para venderse nos remitiría a sus personajes preferidos, que son los policías, los políticos, las prostitutas y los periodistas. El mayor inconveniente de colocarse un precio ya no son los problemas derivados con la ley, muchas veces inexistentes, sino tener que irte a la cama contigo mismo y poder dormir tranquilamente. Como en el final de L.A. Confidential, cuando desde el coche Bud le dice a Ed: “Algunos hombres consiguen el mundo, otros consiguen ex rameras y un viaje a Arizona. Tú eres de los primeros, pero por Dios que no te envidio la sangre que te pesa en la conciencia”.

En una publicación de la revista Telva, una periodista aseguraba que el sueño de cualquier estudiante de comunicación pasaba por protagonizar un beso a tornillo delante de las cámaras junto con un futbolista guapo o cualquier cantante de éxito. Y ya después, como si unas cañas improvisadas de viernes noche, lo que surja: renunciar voluntariamente al anonimato, aceptar preguntas incómodas, contar tu vida privada en una página web, fotografiar las cremas de la estantería del baño, posar con toda la ropa del armario en una esquina del jardín y decir sí quiero a la publicidad.

En Por un puñado de dólares Clint Eastwood se dedicaba a sobrevivir trabajando para las dos bandas rivales sin que estas lo supieran. Demi Moore lo único que quería es lo que ha querido siempre; salvar sus matrimonios y seguir siendo romántica. Venderse por el bien común, ambición, ideología o dinero es, por encima de discutible, peligroso. Mostrar públicamente que te vendes a cambio de bolsos y menciones en redes sociales es, exclusivamente, propio de la estupidez.

LA-Confidential-PORTADA.jpg

Publicado originalmente en The Best and Brightest