Al final mueren todos

por B

Terminó el domingo Mad Men y, sacrilegio, me separan todavía tres capítulos del final de la serie. He evitado durante estos días periódicos, redes sociales y conocidos, las persianas bajadas hasta el mínimo y la escopeta cargada por lo que pudiera pasar. El consumo despiadado de series ha llevado a una carrera alocada y disparatada, como si al final de cada episodio se encontrara la clave para encontrar trescientos mil dólares escondidos en vete a saber dónde.

El no poder disponer de mi tiempo como quiero me hizo dejar de la ingesta de capítulos de series que no me interesaban lo más mínimo y fechas actualizadas de emisión. Lejos quedó ese lunes de universidad en que madrugué por primera vez en esos cuatro años para ver el estreno mundial del último episodio de Lost, llevando desde entonces el estigma de ser la única persona a la que le gustó el final

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