Feliz no cumpleaños

por B

El castigo de nacer en verano lo corregí a muy temprana edad. Como quien entona desde la ventana de su casa Grândola, Vila Morena por apego a las revoluciones románticas,  cambié esa fecha de la que no quiero acordarme por el mejor día del año, que para mí siempre fue el 23 de abril.

A una niña de Zaragoza, cuyos puntos cardinales sólo eran su familia y su biblioteca, el Día del Libro era lo más parecido a ser  Reina del Carnaval, porque no sólo las librerías salían a la calle, sino que además coincidía con la fiesta de San Jorge, patrón de Aragón, por lo que mis padres no trabajaban y el colegio desaparecía durante veinticuatro horas que a mí me sabían a regalo de cumpleaños.

La infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, del huerto claro o de lo que uno prefiera, y en este caso  pocas veces me recuerdo tan feliz, tan insistente y tan enloquecida como cuando tiraba de la mano de mi madre para llegar pronto al puesto de la Librería París, como si los libros no me fueran a esperar.

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