Nunca serás emperatriz de la China

por B

Hay, en esa idea de dedicarse a inventar, un matiz romántico patentado por Lord Byron: el decidir irse a morir a guerras ajenas convenciéndose de que al final se nos concederá la resurrección. Una quimera casi encomiable si no fuera porque el paso a la edad adulta destruye todo ese mundo imaginario obligando a vivir en la sensatez.

Inventarse una vida no es algo tan grave como nos hacen creer si uno lo hace con despreocupación y ternura, como quien se teje un vestido de novia con papel higiénico y tira confeti por la casa saludando a la nada. Es verdad que la imaginación desmedida está en esa delgada línea en la que se encuentran la creación de la próxima gran novela americana y escuchar voces de ultratumba pero al final el sueño de la razón es el que produce monstruos y el de la imaginación superhéroes de acero.

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