El diablo viste de Prada

por B

Encuentro siempre un vergonzoso y rastrero placer en dejar las cosas para última hora, como si en vez de cumplir con una obligación fuera a ganar una cantidad indecente de dinero con una jugada de póquer maestra. La procrastinación me dio desde muy pequeña los sobresalientes más lúcidos y brillantes, motivo por el cual me permití matricularme en una carrera en la que el estudio fuera algo secundario.

El miedo a la página en blanco lo he solucionado siempre levantándome del sofá y yendo a hacer cualquier otra actividad ajena. Si Picasso suplicaba porque la inspiración le encontrara trabajando, a mí se me aparecía casi siempre en los bares, juguetona y achispada. Mi vida me quiere escritor y entonces escribo, decía Clarice Lispector, pero se le olvido especificar sobre qué.

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