La promesa de la primavera

por B

Sucedió de repente, como suceden las tormentas, los caprichos y la muerte: mi calle, durante un momento intensísimo y fugaz, olió a junio. Que la primavera me estuviera espiando desde la esquina fue lo más parecido a que un todoterreno me deslumbrara con los faros para luego dejarme a ciegas en medio de la carretera. Parada en el portal de casa, con las llaves en la mano, descubrí que por mucho que me alimente de meses los vaqueros cada vez me van más grandes.

El Carpe Diem siempre fue un poema de Garcilaso, Robin Williams en El club de los poetas muertos, la posibilidad de que el hombre llegara a la luna y todas las mentiras que nos creímos a los doce años. Es verdad que crecer conlleva traicionarse a uno mismo y echarle las culpas de nuestras equivocaciones al tiempo, el último reducto de confort que nos queda cuando dejamos de rezar a Superman.

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