Se nos rompió el amor

por B

Siempre creí que mi primera columna oficial revelaría, al menos, dos verdades del Universo, un secreto de Estado y el estilo de los escritores gallegos que tanto me he afanado en copiar. Durante años llevé en silencio mi intención de dedicarme a escribir, ya que la sociedad jamás ha visto con buenos ojos los trabajos para los que sólo hace falta pasión y una cama.

Cuando me divorcié del periodismo adopté una actitud propia de estrella de cine que se niega a responder sobre su vida privada pero pretende seguir cobrando por cada portada de revista. Ante los rumores que se empezaron a extender en mi círculo social decidí dar carpetazo al asunto alegando que mi profesión no hacía más que ponerme los cuernos, algo soportable si hubiera aprendido a hacer las preguntas adecuadas en vez de obsesionarme por el porqué y las metáforas. Con la gabardina arrugada, el bolígrafo en el bolsillo y la actitud malhumorada parecía, más que reportera, un detective en apuros.

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