Dr. Livingstone, supongo

Los periódicos se echaron a perder el día que dejaron de publicar su revista infantil. Todo se arruinó cuando, hace ya un tiempo, comprendí que en vez de Leo Verdura los domingos estaría para siempre jamás la frente de Juan Cruz; esa frente larga y despejada que sólo escribe sin faltas de ortografía cuando algún escritor decide morirse.

Cuando los pilares a los que soy fiel me abandonan, hombres, amigos y periódicos, me dan ganas de empezar una reconversión industrial propia de una adolescente desbocada y rabiosa que termina lanzándose en brazos del enemigo sin oponer apenas resistencia.  A veces, cuando imagino una realidad mejor, me gusta pensar que Mariló Montero y su flequillo adolescente empezaron así.

Leo estos días con ansia animal los periódicos, hasta los que no entiendo, como quien repasa concienzudamente los números de la lotería que jamás se premiarán. Los medios se quedaron hace tiempo sin soluciones, pero han demostrado que también se les acabó la compasión. Ain’t got not home, cantaba Nina Simone, que significa algo parecido a aquello de Blas de Otero sobre España, que a veces madre y siempre madrastra.

En realidad, mi única intención al escribir esto era ver si sobre nosotros algún día se podría decir aquello de que muerto el perro se acabó la rabia, pero no el amor.

Leo Verdura