La banda que escribía torcido

por B

«Quizás deberíamos volar por los aires el edificio de The New Yorker»

Eso dijo Jimmy Breslin. Fue en una ruenión de trabajo, en plena tormentas de ideas cuyo fin era generar algunas propuestas provocativas para New York, el suplemento dominical del New York Herald Tribune. Clay Felker, su director, había mencionado que la gran revista literaria de su juventud se había tornado aburrida últimamente, sumamente aburrida.

– Mirad… salimos una vez por semana, ¿no? le dijo Felker a su equipo de trabajo, formado pro el reportero Tom Wolfe, el columnista Breslin, el subdirector  Walter Stovall y el director de arte Peter Palazzo, y The New Yorker sale una vez por semana. Y ambos empezamos la semana de la misma manera, papel en blanco y tinta a raudales. ¿Existe alguna razón por la que no podamos ser tan buenos como The New Yorker? O mejores, son soporíferos.

– Bueno, Clay  sugirió Tom Wolfe , la idea es factible. ¿Qué te parece volar por las aires The New Yorker en New York?

Bingo. A Felker le encantó la idea.

 

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Jimmy Breslin, el editor George Hirsch, Tom Wolfe y el fundador de ‘New York’, Clay Felker, en una fiesta de la revista en 1967 /David Gahr (Getty)

 

 

La banda que escribía torcido. Una historia del nuevo periodismo. Marc Weingarten.

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