Nadie por la calle

Mes: mayo, 2014

Déjenme inventar

Por mucho que yo siga escribiendo como si me pagaran por hacerlo, más de una vez pienso que, a la manera de Holden, no debería contar nada.  Debería de escribir ficción, emulando a  Diez Minutos, la primera revista española en producir FanFiction con una entrevista inventada a Letizia Ortiz pensando que podría resultar interesante. Me han entrado ganas de llamar a la revista para explicar que en realidad hace años que todos sabemos  lo que la princesa piensa.

A veces pienso que esto tendría que convertirse en un blog de esos que hablan de rupturas, cambios personales, metáforas y fotos de películas clásicas en blanco y negro, algo que en el fondo es totalmente incompatible con mi vida real, la de hacer los deberes de la academia de inglés en el parón de la comida, recoger la casa los viernes por la noche y hacer la compra con hambre.

Desde que me divorcié de la imaginación, a la manera de los adultos de Quino, sólo intento desesperadamente que al bolígrafo se le ocurra lo que debo decir, y cuando veo que no funciona reparto las culpas como se las repartía Guille al Gobierno, sólo que esta vez sin poder creérmelo. Me sorprende que después de tanto tiempo aún no haya ido a un programa de televisión o  a una junta de vecinos a protestar, como si alguien me debiera una explicación tras su marcha o al menos la oportunidad de defenderme por todas las veces que me han exigido un “y ahora qué”.

Las pocas veces que vuelvo a ella son en la soledad de mi casa cuando me quito los pantalones, subo a la cama y me convierto en Kylie Minogue cantando Get Outta my Way, sólo que en vez de maillot y tacones llevo una camiseta vieja de Star Wars, lo único que me tocó en la separación de bienes.

 

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La banda que escribía torcido

«Quizás deberíamos volar por los aires el edificio de The New Yorker»

Eso dijo Jimmy Breslin. Fue en una ruenión de trabajo, en plena tormentas de ideas cuyo fin era generar algunas propuestas provocativas para New York, el suplemento dominical del New York Herald Tribune. Clay Felker, su director, había mencionado que la gran revista literaria de su juventud se había tornado aburrida últimamente, sumamente aburrida.

– Mirad… salimos una vez por semana, ¿no? le dijo Felker a su equipo de trabajo, formado pro el reportero Tom Wolfe, el columnista Breslin, el subdirector  Walter Stovall y el director de arte Peter Palazzo, y The New Yorker sale una vez por semana. Y ambos empezamos la semana de la misma manera, papel en blanco y tinta a raudales. ¿Existe alguna razón por la que no podamos ser tan buenos como The New Yorker? O mejores, son soporíferos.

– Bueno, Clay  sugirió Tom Wolfe , la idea es factible. ¿Qué te parece volar por las aires The New Yorker en New York?

Bingo. A Felker le encantó la idea.

 

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Jimmy Breslin, el editor George Hirsch, Tom Wolfe y el fundador de ‘New York’, Clay Felker, en una fiesta de la revista en 1967 /David Gahr (Getty)

 

 

La banda que escribía torcido. Una historia del nuevo periodismo. Marc Weingarten.