Lo peor de todo

por B

A mí me expulsaron porque a Juan José de la Llave le dio por robarme la merienda. Cogía mi merienda con sus manazas de gordo asqueroso, se la metía en su boca de gordo asqueroso y masticaba deprisa hasta que caía en su gran barriga de gordo asqueroso. Así todo el trimestre. Hasta que se me hincharon las narices y le tiré una silla a la cabeza. No era una silla muy pesada, era una silla de resina de plástico, pero al final de la contienda Juan José de la Llave tenía una brecha de cinco centímetros en la cabeza. Tenía mi merienda y tenía su brecha. Ésa es mi idea acerca de cómo se deben equilibrar las cosas. Para los chicos del primer turno de recreo era un héroe porque al fin podían comerse sus meriendas. Para el director era poco menos que un asesino. Me dijo que me faltaba mucho para ser una buena persona. Pero es que cuando eres pequeño lo último que quieres ser es buena persona. Cuando eres pequeño piensas que aún te quedan posibilidades de convertirte en un verdadero hijo de puta, así que intentas aprovecharlas. Tal y como lo veo, un verdadero hijo de puta es un tío que mantiene a raya a los memos del segundo turno de recreo y no un pedazo de mierda que se pasa el día asustando a los niños chicos y robándoles sus meriendas.

Cuando eres niño no quieres ser buena persona por nada del mundo, quieres tumbar a los pesos pesados, ser expulsado de dos de cada tres clases y hacerte pajas hasta que te den calambres en las manos. Cuando eres niño quieres quemarte en el infierno y ver cómo todo el jodido te admira por ello.

Lo peor de todo, Ray Loriga.

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