La soledad de los números primos

por B

Ganar la Lotería debería de servir para hacer agujeros y no taparlos. Algo así como Sharon Stone en Casino: tirar fichas al aire, reírse de forma escandalosa y provocar un ataque al corazón. Las cantidades desmedidas de dinero están para gastarlas de forma obscena, a la manera de Blesa, y se ha demostrado que, por una de esas contradicciones naturales de la vida, los pobres lo gastan peor que los ricos. El principal problema del dinero es que depende siempre de los números, una ciencia que no estamos destinados a entender ya que cuando se pregunta siempre por una cifra sólo sabemos decir “más”.

Como en todas las cosas que no comprendemos pero que son necesarias al final acabamos eligiendo por estética. Es la única explicación posible a que muchos décimos de Lotería se rechacen sin pensar: la fealdad del cero o que nunca se compren los números más bajos. Sólo los números de Lost han conseguido crear tanta expectación, 4 – 8 – 15 – 16 – 23 – 42, que fueron también un boleto premiado en la serie,  aunque da igual porque al final, por lo que entendí, ahí morían todos.

La Lotería gusta tanto porque el dinero sólo se gana de manera casual, sin que haya nada que pensar.  Además, para ponerse pajarita y lanzar la tarjeta en la mano hace falta preparación y concentración. El poker necesita de chulería y la ruleta de desdén, los dos elementos más cinematográficos para hacerse millonario si además se le suma una rubia misteriosa y dada a meter al hombre en problemas, aunque desde que a James Bond casi lo mata una mano ya nadie está dispuesto a intentarlo. De ahí el éxito de los sorteos navideños, que además como están gravados con impuesto son la forma más sencilla de expiar y pagar todos los pecados.

Anuncios