Feliz no cumpleaños

por B

Pienso que a la Constitución los años le están empezando a sentar mal, como si se le hubiera adelantado la crisis de los 40 y no tuviera ni siquiera la posibilidad de arreglarlo adoptando un niño, comprándose un deportivo o acostándose con alguien del trabajo. Le pasa un poco como a la reina del baile: cuando ya ha pasado por todo el equipo de rugby luego ni siquiera el repetidor la quiere.

Lo malo de tener cada año una fiesta en tu honor es que acabas saliendo en todas las revistas y lo único que importa es si has repetido vestido o si has vuelto a salir del coche enseñando la ropa interior. Lo de con quién se acaba la noche ya es lo de menos: coleccionar hombres poderosos con dinero cada cambio de vestuario sólo está al alcance de profesionales, como Inés Sastre.

Al final, tras la resaca de la fiesta, lo único que recuerdan los invitados es si no se acabaron las botellas en la barra libre y si hubo un mínimo de cinco platos, cantidad que algún catering de boda de los noventa debió de calificar como el colmo de la exquisitez: algo completamente insustancial porque si hay algo en lo que estamos de acuerdo los españoles es  que den lo que den de cenar siempre nos quedamos con hambre.

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